AMEMOS A NUESTRA JUVENTUD
La Biblia nos
habla mucho sobre el amor. De hecho, nos dice claramente que Dios es amor (1ª
Juan 4:8) y en él encontramos el mejor ejemplo del amor verdadero e
incondicional. Pero el amor como tal ha sido distorsionado a lo largo de los
siglos. Muchos lo equiparan con el sexo; otros, con el sentimiento de poder y
control sobre otra persona. ¿Qué es en realidad el amor? ¿Cómo lo definimos?.:
En libros de texto
nos dicen que es una necesidad como el
hambre y la sed, que lo necesitamos para sentirnos emocionalmente bien y es
crucial para la salud mental, al ofrecer apoyo, compañía, sentido de
pertenencia, lamentablemente todo esto lo debieran de ofrecer los padres de
familia, pero nuestra sociedad, ha
perdido todo deseo de amar a sus hijos como se lo merecen cambiando el
amor por dinero, juguetes, y toda cosa
que no implique RESPONSBILIDAD, así que la juventud, con necesidad de amor
se unen a pandillas o gangas donde los
líderes les ofrecen todo lo que en sus
casas no les dan como apoyo, compañía,
sentido de pertenencia llevándolos por caminos equivocados y convirtiéndolos en
delincuentes y muchas veces a la muerte, espiritual y física.
En la Biblia encontramos un capítulo maravilloso donde leemos lo
que puede considerarse como la mejor definición del
amor. Es el de 1ª Corintios 13.
En los versículos del 4 al 8a vemos cómo debe ser, y cómo no debe ser el amor:
El amor es paciente, es bondadoso.
El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza,
no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita
en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue.
(1 Corintios 13:4-8a)
¿Cómo debe ser el amor verdadero según la Biblia?
- Paciente:
padece y soporta, resiste con entereza las debilidades y defectos de la
otra persona (no abusos). Muchas veces la paciencia es lo que menos
tenemos, y nos incomoda sus defectos y debilidades y nos aleja de ellos.
- Bondadoso:
ofrece en todo momento el bien con amabilidad y dulzura. Hay personas que
están enojadas con ellas mismas y no pueden mostrarse amables y dulces al
contrario son gruñonas.
- Sin
envidia: no
resiente ni se entristece ante el bienestar de la otra persona. Más bien
se alegra y celebra., pero hay personas que hasta el gesto de la cara lo
delata cuando ven a alguien lograr algo.
- No se
alaba en exceso ni está lleno de orgullo: Es una persona
equilibrada no resalta sus méritos y cualidades en todo momento ni se
siente menos. No exalta sus sacrificios y esfuerzos ni menosprecia a la
otra persona. Mucho hemos conocido personas que en mi país lo llaman
fanfarrón. Y están en todos lados, hablan mucho pero solo de sí mismos.
- No es
rudo: no
es descortés, violento o grosero, sino que entiende y considera los
sentimientos y el bien del otro. En pocas palabras es pacífico y trata a
los demás con empatía.
- No es
egoísta: no
demanda sus derechos ni exalta su propio interés. Presta atención y cuida
los intereses de la otra persona. Es muy justo y está abierto a compartir
lo que tiene sea poco o mucho.
- No se
enoja fácilmente: no
pierde el control ni se ofende con facilidad. Esta persona tiene dominio
propio.
- No
guarda rencor: no
mantiene en su mente y corazón los errores y ofensas que, a su entender,
ha cometido el otro., es perdonadora.
- No se
deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad: no
se alegra cuando la persona comete un error. Se regocija cuando actúa con
rectitud y corrección. Busca la verdad y actúa.
- Todo
lo disculpa:
perdona y no anda difundiendo las faltas de la otra persona. Intenta
entender los motivos. Y lo deja ir para no seguir encadenado con ese
rencor.
- Todo
lo cree:
confía en la bondad y los buenos motivos de la otra persona, a menos que
haya evidencia irrefutable de lo contrario (no es ingenuo).
- Todo
lo espera:
tiene esperanza y es optimista. Confía en las promesas de Dios y está
dispuesto a esperar para ver los cambios y las bendiciones anheladas.
- Todo
lo soporta:
persevera y permanece con paciencia en medio de las pruebas y
dificultades. No es pasivo, sino activo; busca soluciones a los conflictos
junto a la otra persona bajo la guía del Espíritu Santo.
- Nunca
se extingue: No
termina, no tiene fin, no se acaba. Es eterno.
Por último, hago un llamado SOS
a los padres de familia o encargados de nuestra juventud, para que demos a
nuestros niños el amor que en la Palabra nos dice.
Con amor
Mary de León
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